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Las lecciones de la PANDEMIA que debemos aprender


Desde que la alerta por la pandemia de covid-19 empezó a disminuir, no han faltado intentos mediáticos de mantener el miedo a supuestas emergencias víricas, que justificaran la necesidad de crear Organismos Internacionales de Control Sanitario a las que los países cederían su autonomía y autoridad en materia de salud, tales como HERA en la Unión Europea y la AESAP (Agencia Estatal de Salud pública) en España. Todo ello para que la OMS dicte, a pedido de sus amos y mediante el Nuevo Tratado de Pandemias, las acciones sociales (confinamientos, mascarillas, pasaportes sanitarios) y los tratamientos y vacunas experimentales que estos consideren acordes a sus espurios intereses.


Entre esos últimos intentos tenemos la viruela del mono, el virus de Marburg y más recientemente la gripe aviar (de la que ya se ha comunicado una muerte y un posible salto a la especie humana). En realidad, el problema no es (nunca lo ha sido) el virus de turno, sino lo que subyace a la manipulación genética y al intento de control poblacional.


Por todo esto, creo que debemos prestar especial atención a los aspectos esenciales que han conseguido implementar las dañinas medidas antipandémicas, en base a mantener a la población cautiva del relato difundido exhaustivamente por los mass media. Y ello para intentar evitar que no se repita una “edición pandémica” corregida y aumentada.


El primer punto que conviene aclarar es la validez de los test PCR y test de antígeno como métodos diagnósticos y como métodos de estudio epidemiológico en una población.

La PCR es una excelente técnica de investigación, pero absolutamente incapaz de determinar la viabilidad y por tanto, la infecciosidad de un patógeno. Esto es debido a que detecta únicamente cortas secuencias génicas (sean de ADN o de ARN) que sólo indican que puede haber en una muestra residuos de determinado material, pero nunca la presencia de un virus completo ni infeccioso. Para ello es imprescindible realizar un cultivo viral de la muestra y determinar la dosis infecciosa media de dicho patógeno potencial, algo que nunca se hizo durante la pandemia.


En cuanto a la forma abusiva en que se ha mantenido el relato de las supuestas olas epidémicas, es, además de perverso, completamente carente de fundamento científico. Si se quiere conocer el estado de inmunidad de una población es preciso hacer test de anticuerpos (test serológicos) e incluso de células inmunitarias (células T) pero nunca test de antígeno, que carecen completamente de valor para saber si hay riesgo de infección o transmisión.



El segundo punto y seguramente el más importante, es el valor de la inmunidad natural, que ha mantenido la supervivencia de la especie humana durante miles de años y que no es comparable a la inmunidad transitoria que podría favorecer una vacuna (y ello sin contar con los efectos adversos potenciales). Cualquier invento del ser humano es una pequeñez comparado con la Creación y la Naturaleza y por desgracia suele ser muchas veces un intento prometeico de desbancar al Creador.


Un término ridículo y abusivo que se utilizó para justificar la vacunación incluso de las personas que había pasado el síndrome covid fue el de inmunidad híbrida, algo así como una inmunidad de nuevo cuño, mezcla de inmunidad natural y vacunal. Término carente del más mínimo rigor científico, ya que hay o no hay inmunidad ante un patógeno y esta se produce principalmente por haber superado con éxito un proceso infeccioso. El resto es puro cuento.


En otra ocasión escribiré más sobre la inmunidad natural, pero por el momento baste saber que se puede y se debe potenciar con inmunonutrientes esenciales como la Vitamina D, la vitamina C y algunos minerales como el zinc y el selenio y que hay que evitar los perjudiciales, especialmente el exceso de azúcares e hidratos de carbono que propician la resistencia a la insulina y el síndrome metabólico. Durante la primera ola de covid, enfermaron gravemente sólo las personas con síndrome metabólico, obesidad o graves carencias de inmunonutrientes.



El tercer punto al que debemos prestar atención es el intento de imposición de la terapia génica experimental, denominada inadecuadamente vacuna covid (o vacuna contra el SARS-CoV-2). Ya hemos explicado en repetidas ocasiones que además de no evitar la transmisión ni proteger al inoculado, sino todo lo contario: volverlo más susceptible a enfermar de covid, ha demostrado una toxicidad alarmante, tanto a corto como medio plazo (aún no conocemos los problemas que puede seguir ocasionando a largo plazo y los problemas que puede producir en la descendencia de los “vacunados”) y es, con toda probabilidad, la responsable de la sobremortalidad y el descenso de fertilidad que se ha observado en todos los países después de la vacunación.


El problema es más preocupante aún porque esta plataforma de “vacunas génicas”, especialmente las de ARNm es la que se está desarrollando extensamente y está previsto que sustituya a las vacunas convencionales y ello por dos motivos: la facilidad y la rapidez de producción a gran escala. De esta manera, se facilita enormemente la capacidad de implementar un mecanismo de control mediante pasaporte vacunal y la posibilidad de mantener a la población “universalmente polivacunada”.



Finalmente y como cuarto punto, es imprescindible que, sobre todo el personal sanitario, tenga en cuenta la necesidad de aplicar tratamientos probados y no inmunosupresores, ante una posible emergencia epidémica. Es lamentable como el miedo y la imposición hicieron presa en los médicos para aceptar lo inaceptable: negación de tratamiento en base a un triaje de guerra con el que se catequizó en los hospitales, no aplicación o incluso negación de tratamientos tempranos antiinflamatorios y antivirales de reconocida eficacia como la hidroxicloroquina o la ivermectina y aplicación de rígidos protocolos de tratamiento experimental con ineficaces, tóxicos y carísimos antivirales con los que solo consiguieron rematar a muchos pobres infelices.


De igual manera es imprescindible, ante una “supuesta nueva emergencia”, hacer las correspondientes autopsias (prohibidas durante la pandemia) ya que es el único medio fiable de conocer la patogenia de una enfermedad o síndrome y lo que con mayor fiabilidad puede orientar los tratamientos.



Mª José Martínez Albarracín

Marzo 2023



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