top of page

Afectados por las vacunas: la obviedad que nadie quiere ver

En ocasiones, pese a tener algo frente a nosotros no lo vemos.

A quien no le ha ocurrido volverse loco buscando las gafas y tenerlas puestas o en la cabeza, o perder las llaves y tenerlas en el bolsillo o en el bolso.

Todos hemos vivido alguna experiencia donde algo obvio y evidente, que es fácilmente reconocible de un simple vistazo queda “misteriosamente oculto” y no somos capaces de verlo ni teniéndolo delante de nuestras narices.


Por algún misterioso mecanismo lo que falla es nuestra capacidad de percibir lo que es una realidad indiscutible, se produce una especie de filtro en nuestra percepción que actúa como una “ceguera temporal incapacitante” que nos impide reconocer lo que, bajo circunstancias normales, apreciaríamos a la primera.


Desde la plataforma de AfectadosPorLasVacunas.com, ese mismo fenómeno es el que observamos que ocurre en general, en relación a los afectados por los fármacos conocidos como vacunas Covid-19.


Cientos de miles de personas que sufren daños y secuelas a raíz de inyectarse estas sustancias, viven una odisea a todos los niveles difícil de explicar si no es por ese fenómeno que acabo de describir, sin descartar por supuesto una clara intención de ocultar, silenciar y no permitir que salga a la luz lo que está ocurriendo con los damnificados.



Retos y desafíos: una carrera de obstáculos

Lo más común que todo afectado suele padecer es algo parecido a una carrera de obstáculos, donde se tienen que enfrentar a una cantidad de dificultades inconcebibles.

Se tienen que enfrentar a ellos mismos: personas que acudieron confiadas a inyectarse estos productos convencidas de que sería bueno para ellos y bueno para su entorno. Afrontar el hecho de que “aquello que vino para salvarte es lo que te ha enfermado”, descubrir que estos productos no son lo que nos dijeron ni hacen lo que prometían y que uno mismo ha sido víctima de un engaño produce tal choque psicológico que realmente es algo traumático descubrir que lo que les ocurre SÍ es a consecuencia de lo que nos han vendido como “vacunas”.


Sin ánimo de generalizar, dado que hay casos de todo tipo, hemos observado algunos denominadores comunes en los que coinciden la mayor parte de los afectados. La mayoría se tienen que enfrentar a un entorno hostil configurado por allegados de su círculo interno: familiares, amigos, compañeros, con quien la víctima se sincera y se atreve a decir: “Creo que es por las vacunas. Desde que me pinché no soy la misma persona. Algo no está bien en mí y no sé que me pasa”. Ahí suele aparecer un muro de incomprensión y de justificaciones varias: -Pues yo me vacuné y estoy bien- o -Eso serán imaginaciones tuyas- o justificaciones tipo -¿No será algo hereditario?- Muchos damnificados no encuentran un ápice de comprensión y sobretodo apoyo de su entorno inmediato.

En cuanto acuden a sus centros de salud, hospitales o a urgencias o a buscar ayuda médica el panorama es aún peor. Gran parte cuenta como se tienen que enfrentar además con profesionales que:


1º no tienen ni la más remota idea de lo que les sucede,

2ª no tienen el más mínimo interés en averiguar lo que les sucede,

3º y no tienen tratamiento o solución eficaz para lo que les sucede.


Esto aderezado con un claro sesgo que, en casi todos los supuestos, niega categóricamente que lo que les ocurra tenga ni remotamente algo que ver con las vacunas que recibieron, especialmente con los primeros casos.


Lo más predominante en las situaciones que muchos afectados han vivido con la sanidad son literalmente situaciones de abusos, malos tratos y vejaciones más propias de perfiles psicopáticos o sádicos que de personas encargadas de velar por la salud de los demás. Por lo tanto a nivel médico, gran parte de ellos, no solo no reciben un tratamiento adecuado, sino que además reciben maltrato, desatención y una pésima calidad en el servicio que los “machaca” innecesariamente y sin ningún tipo de miramientos.


Parece haber una clara consigna por parte del colectivo sanitario: no vincular ni por casualidad lo que les sucede a estas personas con las vacunas, sobretodo en un principio.

Marear a los pacientes en un sinfín de derivaciones a especialidades que resuelven poco o nada, enviarlos a psiquiatría o psicología (en torno a un 90% de afectados relata que les han enviado a estas especialidades para tratar sus mentes, cuando lo que falla son sus cuerpos). El caso es “tirar pelotas fuera”: puede ser todo menos las vacunas.

De ahí que el diagnóstico “covid persistente”, sea utilizado recurrente y convenientemente para “blanquear” muchísimos de los efectos secundarios de estas sustancias.

Los que se lo pueden permitir inician un “peregrinaje médico” que les lleva a llamar a todas las puertas, a buscar todo tipo de soluciones, a intentar todo tipo de terapias. Existen carroñeros desalmados y aprovechados sin escrúpulos, que se relamen ante un “mercado tan necesitado” y no dudan en venderles promesas de curación a precio de oro, y lo peor: completamente inefectivas, que acaban con la moral, la economía y la confianza de muchos enfermos.


Todo estos obstáculos, desengaños y este rechazo hace que muchos se aíslen. Han aprendido a callar, a vivir en silencio su sufrimiento. Han aprendido a ser invisibles. Tienen mucho en común con las víctimas de abusos: el miedo a ser juzgados, rechazados, incomprendidos, abandonados o culpabilizados directamente porque “ellos se lo han buscado” o lo último, el colmo de los colmos que muchos se oyen: “Usted se vacunó voluntariamente. Asumió usted el riesgo”.


En cuanto a la voluntariedad, gran parte de la población acudió a vacunarse más bien por hostigamiento, persecución, por un chantaje emocional, un bombardeo mediático constante y peor aún: muchos convencidos de que SÍ ERA OBLIGATORIO sin que nadie se molestara en desmentirles esa creencia promovida y propiciada institucionalmente por ejemplo, mediante herramientas coercitivas como los pasaportes COVID, cuyo único fin fue incitar a una vacunación masiva.


En cuanto a la información facilitada pre-vacunación, claramente no se dió un consentimiento informado.

Es más, muchísimas personas con patologías previas que sí acudieron a sus médicos de referencia para consultar si era acertado o no vacunarse, solo recibieron como respuesta que “el beneficio superaba con creces el riesgo”. Ni una mención a la composición, ingredientes o fase de experimentación en la que estas “vacunas” se encontraban. Varios afectados cuyos casos fueron reportados y registrados con reacciones adversas a una primera dosis, fueron llamados a inyectarse segundas, terceras y cuartas dosis, ignorando completamente que ya tuvieron reacciones adversas a una inoculación y faltando así gravemente al principio de precaución. Hay casos en los que incluso se inyectaron subsecuentes dosis con un equipo médico al lado para hacer una “reanimación” en caso de que el paciente tuviera una reacción severa tras haber reaccionado mal anteriormente.


Quienes padecieron de forma sintomática y en ocasiones con complicaciones, lo que se ha definido como “COVID” (algunos incluso con serias secuelas) fueron llamados a inyectarse de igual forma, sin informar al paciente que en sus circunstancias ya contaban con anticuerpos por lo que la vacunación no era del todo necesaria y mucho menos obligatoria.

La obsesión por vacunar a toda costa y a cualquier precio ha dejado un reguero de víctimas nunca antes visto.

Estos casos son reales, de afectados que han dejado sus testimonios, han contados sus vivencias y compartido sus experiencias en nuestra plataforma. La realidad supera a la ficción con creces. Es muy común encontrar a personas que ya vienen de vuelta de todo, la desconfianza y el recelo son predominantes en ellos.

El daño psico-emocional de todos los afectados es enorme, tanto, que muchos llegan a suicidarse por no poder afrontar tanto dolor vivido en soledad.

Los afectados son “la patata caliente” que nadie quiere sostener, por incómoda, por falta de respuestas, por falta de interés, por obligarnos a mirar de frente una realidad difícil de asimilar y a asumir el gran fracaso de lo que se vendió como “salvación”. Son las víctimas dentro del colectivo de las víctimas. No existe ninguna otra comunidad de afectados por otro tipo de enfermedades o circunstancias que sea perseguida, censurada y atacada sistemáticamente.


La mayoría de afectados no pueden ni siquiera mencionar lo que les pasa en una red social como TikTok, Instagram, Facebook o Twitter (esta última parece ser mas permisiva ahora mismo, de hecho acabamos de abrir una cuenta allí) sin que eliminen sus contenidos o sus cuentas. Y hablamos de personas con sus casos totalmente acreditados, reconocidos y documentados médicamente. (ver: https://afectadosporlasvacunas.com/?s=censurados )



Lo bueno dentro de lo malo

Pero no todo es malo.

Aunque son una clara minoría, algunos médicos y personal sanitario sí atiende debidamente a los afectados.


Los más afortunados, encuentran profesionales y equipos honestos en la sanidad, que incluso admitiendo que la situación les supera, que desconocen el alcance de las lesiones, daños y patologías derivadas de estos fármacos, se ponen las pilas, se interesan por sus pacientes y hacen todo cuanto está en sus manos por investigar, averiguar, probar tratamientos y no abandonar a los afectados.


Es tan raro encontrar equipos profesionales y humanos así, que cuando aparecen son agradecidos y celebrados por toda la comunidad de afectados, más que por lo que hacen por un enfermo en concreto, es por lo que representan para los demás: ESPERANZA, no todo está perdido, aún hay “gente buena” en quienes confiar.


Algunos sanitarios y personal incluso de “tapadillo” han referido a sus pacientes a nuestra plataforma o a otros servicios asistenciales, sabedores de las limitaciones y deficiencias del sistema de salud para atender y cubrir sus necesidades.


También hay excelentes personas y profesionales que ponen a la disposición de quienes lo necesitan sus servicios y su conocimiento a cambio de nada o muy poco, conscientes de la necesidad del momento y la falta de asistencia especializada para las víctimas de las vacunas.



Afectados somos todos: nuestra visión

Para nosotros, afectados somos todos, inoculados o no, directa o indirectamente, en salud o en el ámbito social, porque esta situación nos ha trastocado la vida a todos de una forma u otra.


Aquellos que decidieron no inocularse estas sustancias han sufrido acoso, discriminación, presiones de todo tipo y han llegado a pagar precios muy altos que se han llevado por delante trabajos, relaciones, economía, familias, y un largo etcétera.


Muchas personas sin inyectar, son ahora quienes están cuidando de allegados que sí lo hicieron y están enfermos. Otros, llevan como pueden el duelo por seres queridos que han fallecido tras vacunarse. Los que nos cuentan sus historias son ahora la voz de los que ya no están entre nosotros.


Estos afectados indirectos también se enfrentan a retos que en ocasiones les ha llevado a padecer un estrés fatal con múltiples secuelas asociadas en salud mental y con un impacto evidente en su salud física a muchos niveles también.


Afortunadamente, hemos podido crear una web www.AfectadosPorLasVacunas.com mantenida con recursos propios para no depender de terceros, y así poder acoger a quienes buscan y no encuentran, a quienes necesitan expresar y son silenciados, a quienes necesitan ayuda y a quienes están dispuestos a ofrecerla.


Telegram se ha convertido en un refugio para muchos afectados. Es la única red social donde al menos, de momento, se puede llamar a las cosas por su nombre sin necesidad de eufemismos y sin miedo a ser perseguido o castigado por ello. Ha permitido a muchas personas encontrar la información que buscan, conectar con otros en similares circunstancias y sobretodo ayudar a que quienes tienen dudas sobre los efectos adversos de estas vacunas, puedan ver la cantidad de testimonios que cuentan en primera persona sus casos, lo que les ocurre y lo que ven a su alrededor.

Tenemos un grupo participativo testimonial de unos 15.000 miembros:

También tenemos un Canal informativo, solo para difusión:


Empezamos a hacer encuentros de viva voz los miércoles en nuestro grupo, donde se comparten historias, aprendizajes, experiencias y también soluciones.


Estamos tejiendo una red humana, con un movimiento social y civil basado en nosotros mismos como damnificados, pero a la vez como protagonistas y gestores para encontrar soluciones, remedios y salidas.


Quienes estamos en esta plataforma, nos sentimos afectados, nos reconocemos como tales y ya no distinguimos entre vacunados o no, solo somos seres humanos compartiendo con otros seres humanos.

Nos une la adversidad, el dolor, el reconocernos en las vivencias de los demás y eso produce unos lazos enormes de empatía, de cercanía, de apoyo, ayuda y sobretodo la seguridad y la fuerza que da saberte acompañado y comprendido sin juicios ni prejuicios, encontrando esa escucha y esas manos amigas que están ahí para lo que haga falta cuando haga falta.


Agradecemos el apoyo de varios profesionales del entorno médico y terapéutico, abogados y personas que siempre están dispuestos a echar una mano y quieren ayudar, pese a que la falta de recursos y de estructura nos dificulta enormemente poder llegar más lejos o hacer más.



Un momento crucial

Ahora mismo este proyecto se sostiene por la implicación de poquísima gente y vivimos un punto de inflexión en el que necesitamos más que nunca de manos, ayuda, recursos e implicación para seguir avanzando, consolidar el camino recorrido y continuar creando servicios, ayuda y comunidad.


Por ello agradecemos profundamente la difusión que espacios como este ofrecen para ser el altavoz de los invisibles: los afectados por las vacunas.




Yun Fundadora de la plataforma de Afectados por las Vacunas




81 visualizaciones0 comentarios

Commenti


bottom of page