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Cuando la ciencia tiene que ser el sentido común y no el alarmismo imperante

Estamos viendo desde que empezó la pandemia que la ciencia, tanto en lo que se refiere a la covid como al cambio climático, se sigue trasmitiendo a la población a través de los medios de comunicación como verdaderos tanques de inoculación de un alarmismo que llega a ser cercano a lo que podríamos considerar como bioterrorismo.


En relación a la pandemia covid, lo primero que hay que decir, es que el oficialismo sigue con el alarmismo, con una ciencia oficialista que actúan como mercenarios de la industria farmacéutica, y, con una profesión sanitaria, que ha sido incapaz de hacer una mínima autocrítica a su proceder durante la pandemia, llegando incluso a no establecerse, con los datos que ellos tienen que tener en este momento, una mínima duda razonable, siendo su postura todo lo contrario como se confirma con la Asociación de Pediatría al establecer, sin estudios científicos relevantes, la vacunación de la gripe y puede que de la covid en los menores.


Lo mismo se puede comentar la decisión de vacunar a los mayores tanto de la gripe como de la covid, ya que si las vacunas actúan en tu sistema inmunológico no se entiende que antes de ponérselas a las personas mayores no se haya hecho un estudio científico de lo que pudiera ocasionar en esas personas el darles a la vez la de la gripe y la covid, considerando que no creo que vaya a ser nada bueno lo que vaya a suceder.


Señores profesionales de la medicina, ¿es que otra vez nos van a decir que hay que vacunar a los más pequeños para proteger a los mayores, franja de edad a la que van a vacunar sí o sí?. ¿Realmente, no ha sido suficiente la cantidad de efectos adversos y fallecimientos ocasionadas por las inoculaciones?, ya que solo basándonos en los datos oficiales de fallecimientos por/con covid, vemos que los mismos han sido mayores después de la inoculaciones que en plena pandemia sin dicho medicamento.


Otro elemento a destacar, por parte de salud pública, es el de la alimentación, la cual, hoy en día, está contaminada con pesticidas, etc, los cuales no son lo más idóneo para la salud humana, cuando desde la medicina se debería instar a los poderes públicos que hay que volver a la alimentación que se produce localmente y con criterios ecológicos, y, no solo eso, instar a la Administración a que se subvencionen esos productos ecológicos con el fin de que se abaraten y, se dejen de intentar abaratar (porque encima la realidad es que no lo consiguen), los productos comerciales actuales, ya que, hoy en día, la alimentación ecológica no deja de ser una discriminación económica.



Si nos centramos en el tema del cambio climático y el aumento de la temperatura, teniendo a los medios de comunicación fieles a lo que les dicta el oficialismo, donde continuamente nos hablan de las olas de calor y de los grandes incendios que nos asolan, y, por supuesto, al igual que con la pandemia, otorgando la culpa a los ciudadanos.


Ante esto, la ciencia, y por sentido común, aplicando como se debería haber hecho durante la pandemia, lo que tiene que tener presente en todo aquello que se analice es el sentido común, alejándose de forma clara de cualquier tipo de alarmismo.


Cuando nos hablan de temperaturas elevadas lo primero que hay que señalar es que se supone que las temperaturas oficiales tienen que ser las de centros meteorológicos donde las condiciones de los equipos sean científicamente las más idóneas para llevar a cabo un control riguroso y creíble de los datos aportados, y, no informarnos de las altas temperaturas con termómetros comerciales en las calles a pleno sol y rodeados de puro cemento y asfalto donde no existe arbolado alguno.


Otra cosa a señalar y, para estudiarlo de forma científica es con el fin de hacer comparativas con tiempos pasados, la calidad, exactitud y precisión de los equipos actuales respecto a los equipos del siglo pasado, donde se supone que las incertidumbres de medida habrán sido mucho mayores que las del momento actual, por lo que, sería necesario hacer una regularización de esas medidas con dichas incertidumbres con el fin de que realmente sean comparables.


Cuando se habla de los golpes de calor, y se dice que la gente muere de los mismos, la realidad es que el golpe de calor, como precisamente los virus, son vectores para que la gente con patologías tenga problemas y, por lo tanto pudiese fallecer por esas mismas patologías, pero que no debemos olvidar, que también se dan con temperaturas bajas, ¿es que no hay fallecimientos, en ese espectro de edad, cuando las temperaturas en invierno son muy bajas?, ¿entonces por qué no nos hablan de los fallecidos por golpe de bajas temperaturas, al igual que por golpes de calor?, ¿cuántos fallecidos habrían sido debidos a esas bajas temperaturas, ya digo en base al discurso oficial del calor, y, por lo tanto, no debido a los virus de gripe y covid?.


Si nos referimos a la información del cambio climático y al CO2, lo primero que hay que hablar es de los periodos de glaciación y épocas geológicas, donde sabemos que las concentraciones de CO2 fueron comparables a las actuales, de unos 400 ppm, durante el Plioceno, hace entre 5 y 3,5 millones de años aproximadamente, y no creo que ese momento tuviese mucho que ver la mano del hombre.


No se trató de un momento sino de un proceso de cientos de miles de años, pero en cierto punto durante el Plioceno la temperatura fue 4 grados centígrados superior a la actual y el nivel del mar llegó a ser 20 metros más alto que ahora.


Fósiles de árboles hallados en la Antártica demuestran que durante el Plioceno había bosques de hayas cerca del Polo Sur, habiéndose perdido el hielo en Groenlandia y en gran parte del oeste y este de la Antártida.


Por lo tanto, en este asunto, también debe de regir la duda razonable y el sentido común, y, no actuar con el alarmismo puro y duro que se está llevando a cabo por parte del oficialismo con sus tanques a su servicio como son los medios de comunicación.


La reducción del carbono en la atmósfera se extrae gradualmente mediante las plantas, árboles e incluso animales, para luego, este carbono ser enterrado, como lo hacen los árboles al formar depósitos de carbón, a lo cual habrá que añadir a los organismos marinos al formar reservas de petróleo y gas, los cuales sabemos que mediante su extracción lo hemos ido devolviendo a la atmósfera , eso sí, a cambio de grandes beneficios crematísticos.


Es decir, cuando se culpabiliza al ciudadano del cambio climático, aumentos de temperatura y CO2, la realidad, es que se utiliza, al igual que durante la pandemia, la introducción neuronal del miedo, cuando los verdaderos culpables son los profesionales sanitarios y de la ciencia mercenaria, los políticos, que en muchos de ellos se les llena la boca con el eslogan de que ellos trabajan para que mejore la gente, los medios de comunicación que, a cambio de subvenciones económicas hacen un trabajo rastrero, donde la profesionalidad brilla por su ausencia.

Solo como ejemplos, temperaturas elevadas, cuando resulta que en la mayoría de las ciudades, el cemento ha eliminado a la vegetación natural y principalmente la arbórea elemento esencial no solo para regular la temperatura sino también el CO2. El principal cometido de tanta reunión de los prebostes del cambio climático tendría que ser la recuperación de las zonas arbóreas y, en especial de las Amazonas, auténtico regulador del clima en el mundo, y, no fomentar el mercantilismo con el tema del CO2.


Hablarnos de los incendios que están ocurriendo culpando al aumento de temperatura cuando la mayoría son intencionados, por lo que lo que de verdad debería hacerse es apostar por detener a esos pirómanos y, por supuesto, hacer leyes para que no se recalifiquen suelos quemados con el fin precisamente de suelo urbanizable. La ley debe contemplar que esos suelos con la ayuda científica necesaria deben de ser con los años recuperables a su situación anterior al incendio.


La solución a todo esto está en los poderes políticos y ese globalismo neoliberal que nos quiere introducir el virus de la culpabilidad a la ciudadanía, ya que son ellos los que tienen que parar este desarrollismo, los que tienen que estudiar la oferta y demanda tanto del agua como de las masas arbóreas, y dejar vivir en paz a los ciudadanos, claro que tomar cartas en el asunto le supone al oficialismo tener muchísimos menos beneficios crematísticos.


Señores del poder neoliberal y el globalismo, con los políticos, profesionales de la medicina y la ciencia y los medios de comunicación a su servicio, dejen de culpabilizar a la ciudadanía de sus errores y empiecen a trabajar en rediseñar ese desarrollismo desaforado, al que nos ha llevado su avaricia, hacia otros modelos que sí sean realmente más sostenibles, huyendo de su concepto de sostenibilidad,

y a los señores políticos decirles que aquí tienen una labor para decir y cumplir que se preocupan por la gente, lo demás son fuegos de artificio.




Bilbo a 28 de agosto de 2023

Jon Ander Etxebarria Garate

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